DECLARACIÓN POLÍTICA V CONGRESO

ENERO DE 2015

Mujeres y hombres en armas desde nuestros puestos de combate en las ciudades, selvas y montañas de Colombia, extendemos a los pueblos del mundo y al país un caluroso saludo de año nuevo, con nuestros corazones llenos de futuro y esperanza por la justicia y la vida planetaria, unidos en un abrazo pleno de humanidad.

Enviamos nuestra fuerza a todos los pueblos y naciones que padecen la guerra imperialista. Es tiempo ya de reconocer a Palestina como Estado libre y soberano y respetar a Siria en su derecho a la autodeterminación.

El 7 de enero de 1965, en la victoriosa Toma de Simacota, se fundieron el dolor y la dignidad del pueblo colombiano para continuar las gestas libertarias de hondo calado revolucionario y democrático, que habían quedado sin respuesta a tanta sangre derramada desde las huelgas de los trabajadores petroleros y de las bananeras, los guerrilleros liberales y la inolvidable voz de Gaitán clamando por una Nueva Colombia.

50 años después seguimos en pie, alimentados por las luchas de los pueblos latinoamericanos y los combates que día a día libran en nuestra Colombia, campesinos, indígenas, estudiantes, obreros, afrodescendientes y comunidades urbanas.

Por eso nos sentimos parte de los cambios que vive Nuestra América y nos llena de esperanza la continuidad de esfuerzos democratizadores, renovados con los triunfos de Rafael Correa, Daniel Ortega, Michelle Bachelet, Salvador Sánchez Cerén, Evo Morales, Dilma Rousseff y Tabaré Vásquez; al tiempo que acompañamos la heroica resistencia de Cuba, Venezuela y Argentina contra la agresión imperialista.

El impetuoso viento del cambio que recorre el continente sigue refrescando los caminos de revolución y nos convoca a un mayor compromiso para lograr la unidad popular e insurgente. Ya no tenemos excusas para andar dispersos, los tiempos nos reclaman a los revolucionarios unir idearios, experiencias y fuerza para empujar al país a nuevos destinos. La disputa por la democracia y la paz que se libra en campos y ciudades requiere poner al centro lo que nos une, para construir una Colombia nueva y soberana.

El ELN sigue empeñado en lograr la paz para Colombia con transformaciones que den justicia, democracia, equidad y felicidad.

Hace 50 años en el Manifiesto de Simacota, cuando la nación y el mundo conocieron de nuestra existencia, explicamos las razones de nuestra lucha:

“La educación se encuentra en manos de negociantes que se enriquecen con la ignorancia en que mantienen a nuestro pueblo; la tierra es explotada por campesinos que no tienen donde caer muertos y que acaban sus energías y la de sus familias en beneficio de las oligarquías que viven en las ciudades como reyes; los obreros trabajan por jornales de hambre sometidos a la miseria y humillación de los grandes empresarios extranjeros y nacionales; los profesionales e intelectuales jóvenes demócratas se ven cercados y están en el dilema de entregarse a la clase dominante o perecer; los pequeños y medianos productores tanto del campo como de la ciudad ven arruinadas sus economías ante la cruel competencia y acaparamiento por parte del capital extranjero y de sus secuaces vende-patria; las riquezas de todo el pueblo colombiano son saqueadas por los imperialistas norteamericanos”.

Las cosas siguen igual.

Hace más de 50 años nos alzamos en armas porque entendimos que las vías legales estaban cerradas para las luchas del pueblo; hoy así lo seguimos considerando. El gobierno ha planteado su disposición a poner fin al conflicto armado y para ello ha convocado a la insurgencia.

Asistimos a este diálogo para examinar la voluntad real del gobierno y del Estado colombiano; si en este examen concluimos que no son necesarias las armas, tendríamos la disposición de considerar si dejamos de usarlas.

El gobierno de Santos tiene la disyuntiva de persistir en su política de guerra y pacificación o atreverse a un verdadero camino de paz deseado por todos los colombianos.
 
V Congreso, ELN 50 años