
Comandante Nicolás Rodríguez Bautista
El ELN está cumpliendo 62 años de existencia como fuerza insurgente alzada en armas. Si vemos el tiempo con los ojos de los años que vivimos las personas, es mucho. Si lo miramos con el tiempo de las sociedades, es un soplo. Las luchas de los pueblos por superar la explotación, el sometimiento imperialista y el capitalismo, duran siglos.
Es comprensible que una parte de nuestros pueblos, expoliados, violada su soberanía y padecidos conflictos armados internos, acojan con esperanzas los gobiernos progresistas, que no cuestionan el capitalismo, sino que buscan reformas dentro de él mismo.
No están mal las reformas, está bien todo alivio en la vida de un pueblo como el de Colombia, que por desgracia no conoce la anhelada paz, que sigue buscando para superar la guerra a que ha sido sometido, desde que las botas extrajeras pisaran sus tierras.
Dolorosamente hoy, tales reformas en vez de seguirse acrecentando se estancarán, y las nuevas conquistas populares serán alcanzadas, a los altos costos de años anteriores.
El señor Abelardo de la Espriella, así hoy morigere su lenguaje y exprese que va a «gobernar para todos los colombianos», y ofrezca «garantías dentro de la ley para todos», el pueblo y sus luchadores sabemos descifrar su lenguaje, porque sabemos quién lo llevó a la presidencia y a quién va a representar.
El futuro presidente no actuará diferente a Guillermo León Valencia (1962-1966), por los años en que nació el ELN.
Recurrirá a formulas similares aplicadas por Julio Cesar Turbay Ayala, entre 1978 y 1982, del pasado siglo.
Y tendrá muy en cuenta lo que le ha aprendido a Álvaro Uribe Vélez (2002-2010), sobre cómo aprovechar la legalidad, «la Constitución y la ley», para actuar con la ilegalidad que ejecuta el Terrorismo de Estado.
Por los votos con los que ganó De la Espriella, hay que recordar: ‘el pueblo elige a sus propios verdugos’.
En estos más de 60 años de existencia enfrentando al Estado, este ELN ha aprendido a luchar y resistir, en los tiempos más oscuros de su existencia; nuestra angustia y dolor no es por lo que nos ha tocado enfrentar como insurgentes y por los retos que asumimos, sino por el precio que paga el pueblo, por el derecho a luchar por lo que es suyo y que por supuesto le pertenece.
Hoy más que antes, el ELN asume el reto de seguir siendo insurgente, de seguir siendo rebelde y levantado en armas, para estar junto al pueblo en sus luchas y para que un día la paz con Justicia Social, deje de ser sueño para convertirse en realidad.
