Comandante Antonio García

Estamos en tiempos de guerras y todo se disputa en verdaderos campos de batalla. Eran otros los tiempos cuando se decía que, por medio de las comunicaciones, la primera víctima en la guerra resultaba siendo la verdad.

Luego se incorporó un diseño comunicacional en las fases de la guerra, con las «operaciones de información». Pero en la actualidad, las comunicaciones son el propio campo de batalla y la verdad el primer objetivo al que se le dispara.

Hoy se dice una cosa y luego, antes de que llegue el nuevo día, lo contrario. Los escenarios de negociación son el blanco perfecto para un misil. Así, en los espacios para la paz se vive la guerra. Un premio nobel de paz se disputa como trofeo de guerra, y hasta se pretende ganar partidos de fútbol —en un mundial— a punto de bravuconadas. Al final, todos quedamos envueltos en la niebla de la guerra.

Las campañas electorales en el continente han sido tomadas por las mismas empresas, que actúan en los escenarios de la guerra orientadas por Estados Unidos e Israel, como parte del diseño estratégico, en la reinstalación del colonialismo en nuestros países, donde Bases Militares, ocupaciones, asaltos y protectorados, van siendo parte del paisaje.

«Ganar elecciones» es igual que planear una operación militar, con la claridad meridiana que sólo se podrá ganar si se mata de entrada la verdad, y para eso se montan todas las operaciones, con la milimetría militar que hoy da la Inteligencia Artificial -IA-. Así, entre marzo de 2025 y marzo de 2026, se han identificado 150 campañas de desinformación, desde el «aparato político» de De La Espriella contra el candidato del Pacto Histórico, que se pueden agrupar en 15 narrativas con mensajes des informativos; también 43 falsedades distintas; se modificaron textos, imágenes y vídeos con IA, contaminando el mensaje del Pacto Histórico, haciendo que la gente se confundiera.

Como puede verse, lo que se movió detrás de la campaña de De La Espriella se irá conociendo, con sus bodegas y repertorio de montajes, pues fue el diseño de una operación militar orientada por Estados Unidos e Israel y sus resultados están alineados con sus objetivos.

De otro lado, nos encontramos también con otra narrativa, aunque extraña, resulta familiar. Un tigre que hace un tiempo se declaraba «ateo», y de los propios, ahora, hace un par de días terminó cumpliéndole una promesa a la virgen, y sus mensajes en las redes sociales, que antes solo se referían a «destripamientos», se convirtieron en santas y castas plegarias que hasta el propio «Papa Pío» envidiaría.

Claro, no podemos olvidar que esas «santas costumbres» son muy propias del mundo de Pablo Escobar y los traquetos: matar y destripar para luego ir a donde la Virgen para rogarle, que en la siguiente les vaya mejor. Como en los viejos tiempos de la violencia, cuando los «chulavitas», paramilitares de esa época, eran muy devotos. Mejor dicho, con trampas y destripamientos, pero devoto.

Para rematar, diría un costeño, costeño:

— Eche, Se va un «corroncho» y llega otro. ¡No joda, estamos jodidos!

Entre comedia y tragedia resulta que el «corroncho» De la Espriella nacido en tierra «cachaca», reemplaza al «corroncho» Petro, que se convirtió en «cachaco», habiendo nacido donde se crió el «cachaco» De la Espriella.

— ¡No jodaaaaa…! —diría un «coddobés».

Y los Char, de origen sirio, que se dicen «costeños», mirando con la billetera abierta.

El pueblo costeño, el verdadero costeño, listo con el «manduco», para dar la pelea.

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