Editorial Revista Insurrección N° 930
Comando Central (COCE)

Hace parte de la mentalidad colombiana, referirse despectivamente a las “ías”, para nombrar a los cuatro entes estatales encargados de controlar a los demás poderes, por supuesto encargo de la sociedad, pero dada la antidemocracia imperante, no pasan de ser pájaros de rapiña, como las antiguas Arpías.

El rechazo público crece por la espuria acción del Fiscal Barbosa, convertido en campeón del matoneo ejercido desde una de las facciones dominantes en el país, en contra del resto de facciones, clanes y fuerzas políticas. Tradicionalmente la Fiscalía General desde que la crearon en 1991, ha sido objeto de rapiña y compraventa, para una vez logrado este preciado botín, actuar desde ella para garantizar la impunidad de los imputados de su facción, mientras persigue al resto de la sociedad; mutación que es exactamente lo contrario para lo que fue creada, que es para proteger a las víctimas y los testigos, en cambio compone pruebas a los imputados. La ruina es tal que nada queda de lo que debe ser: el ministerio público, de todos, convertido en brazo de un grupito de privilegiados.

En una situación igual de peor se encuentra la Procuraduría, en manos del Clan Char, lo que explica el escándalo de los primeros días de enero, cuando al Expresidente del Congreso de la República, uno de los Char, imputado de varios delitos, la propia Procuradora Cabello le abrió la puerta de la cárcel para dejarlo en libertad, actuando para garantizar la impunidad de su facción, mientras mantiene el permanente matoneo contra otros sectores políticos; conducta propia de una mutación similar a la que sufre la Fiscalía General, dado que la Procuraduría también está hecha para representar a la sociedad, ejerciendo control sobre los funcionarios públicos.

En igual situación deplorable yacen la Contraloría encargada de luchar contra la corrupción sistémica que devora los recursos y bienes públicos, y la Defensoría del Pueblo que debe enfrentar el genocidio continuado de los sectores populares, a manos de los diversos brazos armados de las clases dominantes. Lo peor, es que detrás de todos, como ‘titiritero mayor’ se encuentran distintos entes de Estados Unidos: el Departamento de Justicia detrás de la Fiscalía General, el Pentágono detrás de las Fuerzas Militares, el FBI detrás de la Policía Nacional, el Departamento de Estado detrás del resto.

El desafío es grande: colocar el Estado colombiano al servicio de la sociedad y de la nación.

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