Anaís Serrano

El ‘policía del mundo’, en su intento desesperado por recuperar el poder que ha venido perdiendo en las últimas dos décadas, insiste en viejas y conocidas maniobras para enmascarar su doctrina Monroe.

Colombia y México saben muy bien lo que significa la supuesta «lucha contra las drogas» de Estados Unidos. Fortalecimiento del injerencismo, pérdida de soberanía, violación masiva y sistemática de derechos humanos de la población, aumento del narcotráfico y la corrupción, fueron el saldo final del Plan Colombia y el Plan Mérida.

La fracasada Guerra contra las drogas

Aunque la injerencia estadounidense no suele retroceder, a no ser que haya una Revolución que la detenga, lo cierto es que esta nueva “declaratoria de guerra” a los carteles del narcotráfico, enciende justificadas alarmas tanto en México como en Colombia.

Aunque pudiera pensarse que es difícil aumentar la injerencia estadounidense en nuestro país, tristemente hay que decir que siempre es posible entregar aún más soberanía, sobre todo cuando Colombia es socio global de la OTAN, cuenta con unas Fuerzas Militares que han normalizado obedecer órdenes de comandantes extranjeros, y para quienes la palabra soberanía solo existe cuando se trata de pelear con otros países de Nuestra América.

Esta guerra contra los carteles es un riesgo real para Colombia y para México, países en los que EEUU ha operado permanentemente, pero que bien pudiera incrementar sus operaciones abiertas y encubiertas en nuestro territorio. La reciente presión para certificar a Colombia en materia de lucha contra el narcotráfico da cuenta de ello.

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