
Los revolucionarios y revolucionarias del mundo hemos sostenido con anticipación, que una nueva guerra imperialista está en desarrollo, a la que nos conducen las grandes potencias en declive, ante las crisis sucesivas del capital, la crisis energética, la hambruna, el racismo y la xenofobia.
Desde hace más de una década nos han convocado a desistir de la lucha contra el imperialismo y por la liberación nacional, que, para los progresismos, parecía estar ‘mandada a recoger’.
Pues bien, esta nueva cruzada imperialista ya ha tocado a la puerta de los vecinos, a la nuestra, y se ha metido por la ventana. Una vez más, como ha ocurrido desde la Primera Revolución Industrial, los mega poderosos y dueños de todas las cosas, han lanzando una ofensiva por un nuevo reparto del mundo, por la dominación de las colonias y por el control de recursos estratégicos y fuentes de materias primas; que permitan a las potencias -a punto de quedarse sin agua, comida y energía-, seguir acumulando riqueza y poder mundial.
Esta vez, la guerra imperialista se libra por las nuevas fuentes de energía, que se imponen ante el agotamiento de los bienes de la Madre Tierra. Esa es la guerra que se está librando en Palestina, en Irán, en Sudán, en el Congo y en Nuestra América.
¿Cómo hubiéramos podido evitarla? ¿Son evitables las guerras imperialistas, mientras exista el hambre de los poderosos, por la acumulación desmedida de las riquezas del mundo? Los mecanismos liberales y el Derecho Internacional, creados para evitar las guerras, no funcionan. No vivimos en un mundo basado en el diálogo y las normas, así lo deseemos. Entonces, la guerra que siempre es impuesta por los poderosos a los pueblos, la tornan inevitable.
Así lo ratifica la reciente Cumbre de la OTAN en Ankara. Estados Unidos y las potencias europeas ratifican su compromiso con elevar el gasto militar al 5 por ciento del PIB de sus países en 2035, esto es, casi que triplicarlo en menos de 10 años.
Mientras hay quienes llaman a recoger las banderas de la lucha antiimperialista, los Estados poderosos, patrocinados por sus grandes empresarios, anuncian una nueva “Revolución Industrial Trasatlántica en Defensa”, como lo señaló el Secretario General de la OTAN tras la Cumbre.
No solo es una declaración de guerra, hay una ofensiva militar intercontinental contra los pueblos del mundo. Es la máquina de guerra que extermina al pueblo palestino, que bombardea Irán y que asaltó Caracas en la madrugada del 3 de enero.
De nosotras quieren nuestras más grandes riquezas: el sol, el viento, el territorio y el agua que ellos no tienen. Las agencias de inteligencia y de administración del comercio internacional de los EEUU, tienen su mira puesta en la generación fotovoltaica y eólica de energía en el Caribe colombiano. Además, quieren hacerse con nuestras reservas de cobre, níquel, cobalto y grafito que constituyen algunos de los principales ‘minerales críticos’, para la producción de energía, cada vez más escasa para los países del norte global.
Para eso han impuesto a un presidente títere en Colombia. De la Espriella ha ratificado su sumisión a Donald Trump anunciando el ingreso de Colombia al tal Escudo de las Américas, una supuesta iniciativa contra carteles de droga, conformada por gobiernos de ultra derecha. Ya vimos el 3 de enero en Venezuela, que las operaciones contra supuestos carteles de drogas son solamente una excusa de EEUU, para apoderarse del petróleo y sus riquezas nacionales.
¿Cómo debemos responder los pueblos de Colombia y de Nuestra América a esta escalada de violencia? El esfuerzo de este tiempo debe ser, el de la unidad de todos los pueblos que luchan, debemos sobreponer el interés de la nación y nuestra soberanía por encima de cualquier discurso, estereotipo o receta. Un Acuerdo Nacional en defensa de la soberanía se construye priorizando el futuro de Colombia, superando los sectarismos y arrojándonos a cada calle, vereda, fábrica y escuela a defender nuestra dignidad. Tenemos esperanza en quienes luchan, el pueblo de Colombia cuenta con el ELN para seguir luchando, así las noches parezcan más oscuras.
