Es normal sentir algo de desesperanza en medio de un contexto global y nacional como el que enfrentamos: Avance del fascismo y las extremas derechas, guerra y militarización del mundo, agotamiento de los bienes de la naturaleza, ascenso de valores neoconservadores y fundamentalismos religiosos.

Estamos oficialmente en un período de la historia instaurado por las sucesivas crisis del capitalismo, para acumular hasta la última gota de sangre de la Madre Tierra, usando recursos cada vez más violentos.

América Latina y Colombia se encuentran en el centro de esta cruzada. El avance de gobiernos de extrema derecha tutelados por el imperialismo norteamericano, se articula con la debilidad de los gobiernos otrora progresistas, que no encuentran otra salida que negociar su transición a ser protectorados del nuevo colonialismo, con una ‘pistola en la cabeza’.

No es un momento para confundirse de enemigo, el enemigo de la humanidad es el intervencionismo imperialista y su alianza con el régimen sionista, que se instala en nuestra nación, con el beneplácito y la subordinación del régimen político, el gran empresariado, las corporaciones mediáticas y la extrema derecha.

¿Cómo sostener la vida y la esperanza en tiempos difíciles?

El tino está en no dejarnos confundir sobre quién es el enemigo, porque desde Estados Unidos impulsan una estrategia de desprestigio y exterminio de las fuerzas revolucionarias, que las señala de ser una banda o un cartel; por esto, EEUU sostenía que había en Venezuela un inexistente “Cartel de los Soles”, para justificar la invasión y el bombardeo del 3 de enero pasado. Detrás de estas estrategias de demonización está la intención de eliminar a miles de seres humanos, que nos oponemos a los intereses del imperialismo y que estamos dispuestos a defender con nuestras vidas la soberanía de la nación.

Si el enemigo de todos los pueblos, como lo es el imperio occidental, pretende dividir al movimiento popular, señalando a una parte de ser las ‘fuerzas del mal’, el camino que tenemos que construir nos obliga a superar el sectarismo y revivir los proyectos de unidad del campo popular, y arrojarnos a las calles, veredas, escuelas y espacios de trabajo a aumentar la conciencia popular.

Si la nación está dividida, buena parte de esa división se sustenta en las mentiras y engaños de las derechas. Nuestro camino no puede ser el de encerrarnos en los despachos de las organizaciones y los partidos, debe ser el de entregar nuestra vida por conquistar las mentes y corazones de nuestro pueblo, viviendo como el pueblo, siendo pueblo.

El camino está en la integración con los pueblos latinoamericanos y del mundo, que sufren y resisten la arremetida imperial y colonial. El camino es impulsar la democracia y el poder popular, conscientes que las transformaciones no vendrán desde arriba, sino que serán construidas con la más decidida y potente participación del pueblo.

El programa al que convocamos es por la inclusión, la equidad y la justicia con todos los sectores históricamente excluidos y el respeto por la diversidad de nuestro pueblo; que se expresa en la voz de las mujeres, la niñez, las comunidades étnicas, las comunidades sexo-género diversas, las personas con discapacidad, la juventud, el campesinado y el pueblo trabajador.

Por la protección y defensa soberana de los bienes comunes: el agua, el sol, el viento, los minerales y toda la riqueza y diversidad de nuestra nación.

Por el control popular de la economía y los negocios extranjeros. La nación necesita que los pueblos nos organicemos para producir, intercambiar y consumir privilegiando lo colectivo y comunitario.

Por la integración democrática y contrahegemónica de los pueblos de América Latina y del mundo; una integración desde abajo, desde las organizaciones populares y movimientos sociales.

Esta tarea nos toca a nosotros y nosotras, es la lucha que han librado nuestros pueblos desde hace 530 años; es una batalla imposible de delegar en líderes políticos o en el Congreso de la República que hoy se posesiona. El ELN no puede solo, ningún sector del campo popular podrá solo, ¡hermanémonos de una vez por todas en esta lucha por la justicia y la libertad!

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